UN POCO DE HISTORIA

La Cordillera Central de los Andes es la gran barrera que se interpone y separa las dos amplias cuencas fluviales del Magdalena y del Cauca, con un ancho que oscila entre 50 km y 100 km, correspondiendo el valor mínimo precisamente a la zona por la que surca la carretera entre Armenia e Ibagué. Esta importante vía alcanza en la actualidad su cota máxima en el Alto de La Línea, con 3.300 msnm., mientras que su cota en Armenia es de 1.450 m. y de 950 m. en Ibagué. Dicha vía discurre por abruptas e inestables laderas de la Cordillera, siguiendo en buena parte de su recorrido los cursos de los ríos Santo Domingo, Coello y Combeima, con un trazado con cerradas curvas y fuertes pendientes.

Se conoce que ya en la época precolonial existía un Camino Inca que, desde Perú, pasando por Popayán, se dirigía hacia las tierras de Venezuela, superando la Cordillera Central a través del Paso del Quindío, coincidente con el actualmente identificado como Alto de La Línea. Ruta preparada para caminantes, con escalones y empedrados no adecuados para mulas o caballos. En el Virreinato se denominaba como Camino de Cartago, estimulándose ya la colaboración privada en la apertura y mejora de los caminos mediante el otorgamiento de tierras, sin demasiado éxito por las importantes dificultades a superar. En estas épocas no se producían intercambios entre territorios, pues las unidades poblacionales eran autosuficientes. Se tardaba entre 12 y 30 días en atravesar la Cordillera.

Simón Bolívar, según cita Jaime Lopera Gutiérrez en “La Colonización del Quindío”, ordenó el 25 de enero de 1830 “la apertura de un camino de herradura en el paso de los Andes, denominado Quindío, desde la ciudad de Cartago hasta Ibagué”, después de conocer de forma directa las dificultades de la ruta, pues había pernoctado en Boquía unos días antes, lugar entonces de escala en el viaje. Diversos científicos y escritores de los siglos XVIII y XIX se refieren a este paso de la Cordillera: Caldas, Humboldt, Codazzi, Faulhaber y Vergara y Velasco.

La navegación por el río Magdalena y el ferrocarril concitaron la atención sobre vías para el transporte hasta los comienzos del siglo XX, cuando hacia 1920 existían ya unos 600 km de carreteras pavimentadas, pero aún no conectadas entre sí. Los procesos de desplazamiento de las poblaciones rurales y su concentración en ciudades que se desarrollan en la segunda mitad del pasado siglo, acrecentada en los tiempos más recientes, están en el origen de las importantes demandas que hoy soportan las redes de transporte en la Colombia actual, de forma similar a lo que ocurrido en otras partes del mundo.

La reducida participación del modo férreo deriva hacia el carretero toda la responsabilidad de dar respuesta al transporte de cargas, especialmente concentrado en el Paso de La Línea.